Cuando te hacen comer la salchicha | Review de The Skin Stapler

Hay juegos que uno termina y piensa: “qué linda aventura”. Otros te dejan reflexionando sobre la vida, la muerte y esas cosas importantes que uno medita mientras recalienta pizza a las tres de la mañana. Y después está The Skin Stapler, que terminé después de unas tres horas preguntándome quién fue el enfermito que decidió que arrancarle la piel a una persona y engraparla contra una pared podía ser el punto de partida de un videojuego.

Respuesta: los muchachos de Tainted Pact.

Y, contra todo pronóstico, funciona bastante bien.

The Skin Stapler es una aventura de horror cortita, mugrienta y absolutamente enamorada del cine slasher, el giallo, las películas exploitation y toda esa gloriosa basura de videoclub que nuestras madres jamás nos hubiesen dejado alquilar.

En aproximadamente tres horas vi sus créditos. Tres horas de asesinatos, chistes negros, situaciones bastante turbias, gente comportándose como si Carrion City tuviera prohibido por decreto hacer algo normal y, claro, cantidades industriales de sangre.

Bienvenidos al barrio.

Dos policías, un asesino y cero presupuesto municipal

El protagonista es Dick Slater, detective quemado por la vida, por el trabajo y probablemente por el café de la comisaría. Es prácticamente el policía cliché hecho personaje: cansado, malhumorado y con esa energía de tipo que está a dos trámites administrativos de mandar todo al demonio.

A su lado aparece Robbie Knox, un novato entusiasta que funciona como contrapunto perfecto. Si Slater entra a una habitación esperando encontrar un cadáver, Robbie todavía parece convencido de que quizá haya torta.

Los dos investigan una serie de asesinatos cometidos por el llamado Skin Stapler, un muchacho —por decirle de alguna manera— cuyo hobby consiste en despellejar víctimas y engrapar la piel a las paredes cercanas mientras deja grabaciones distorsionadas para burlarse de la policía.

Sutileza no hay.

Pero The Skin Stapler tampoco intenta tenerla.

La gracia está en que no vemos toda la historia desde los ojos de estos dos policías. En distintos capítulos también controlamos a varias de las futuras víctimas y conocemos un pedacito de sus vidas antes de que terminen formando parte del caso.

Con varias de ellas nos toca incluso laburar: atendemos clientes, recorremos negocios y hacemos pequeñas tareas cotidianas que parecen completamente mundanas hasta que, como podrán imaginarse, todo se va al demonio.

Ese detalle funciona mejor de lo que parece porque antes de convertir a cada personaje en otra pieza del caso nos deja pasar un rato con ellos. No son simplemente “la próxima víctima”: conocemos su entorno y entendemos un poco mejor dónde encajan dentro de esta ciudad podrida.

Fefe, la chica con la que comienza la historia, es diferente. A ella la conocemos sola en su departamento, durante una tormenta, cuando se despierta y decide prepararse un matcha a medianoche —“Midnight Matcha”, nombre de banda indie, anoten— antes de que la noche empiece a ponerse fulera.

Muy fulera.

No voy a contar más porque acá el argumento es buena parte del atractivo.

Pero jueguen con auriculares.

Después me agradecen.

¡Paren de engrapar gente, degenerados!

The Skin Stapler no quiere convertirse en una máquina de sustos cada treinta segundos. Prefiere incomodar, meter situaciones grotescas y jugar bastante con el humor negro.

Y para mí eso es algo bueno.

El juego sabe perfectamente cuándo ponerse desagradable y cuándo cruzar alegremente la frontera hacia el absurdo.

Uno de los mejores ejemplos aparece cuando nos toca laburar detrás del mostrador de un videoclub especializado en horror y terror, de esos lugares donde uno podría pasarse media tarde revolviendo estanterías llenas de VHS con carátulas espantosas.

Entra un cliente, agarra una película y uno supone que va a hacer lo que hacemos todos desde que existe el comercio: pagarla y llevársela.

Error.

El tipo decide metérsela entre las nalgas para salir del local.

Sí.

Leyeron perfectamente.

Hay momentos donde uno directamente se queda mirando la pantalla preguntándose qué demonios acaba de presenciar.

Y justamente ahí aparece uno de los rasgos más particulares del juego: lo desagradable y lo gracioso viven pegados uno al otro. Algunas situaciones son deliberadamente grotescas; otras son tan exageradas que uno termina largando una carcajada en el momento menos apropiado.

Pero esa mezcla rara le queda bien.

The Skin Stapler no parece demasiado interesado en traumatizarnos. Quiere incomodar, sorprender, hacer algún chiste de pésimo gusto y después volver a hundirnos en Carrion City antes de que podamos acomodarnos.

¡Mirá mamá, parece una PlayStation!

Visualmente va directo a buscar esa estética PSX que ya conocemos de una bocha de indies de horror: modelos low-poly, texturas deliberadamente sucias, iluminación agresiva y personajes que parecen haberse escapado de algún CD encontrado atrás de una estantería en 1998.

Pero está muy bien usada.

No se limita a ponerle un filtro pixelado arriba y cobrar entrada.

Los departamentos, negocios, callejones y demás lugares que visitamos comparten esa sensación de decadencia que necesita Carrion City. Hay mugre, luces enfermizas, interiores incómodos y personajes lo suficientemente particulares como para que cada cambio de escenario se sienta distinto.

Además, como cada capítulo nos manda a un lugar nuevo, el juego consigue variedad sin necesidad de inventar veinte sistemas diferentes.

Eso sí, me hubiese gustado que revisar cada rincón tuviera un poco más de premio. Hay ventanas, pasillos, habitaciones y objetos que invitan a meter la nariz, pero rara vez encontramos secretos interesantes o algo que justifique realmente desviarse.

No es grave.

Pero ahí había margen para rascar un poquito más.

Mucho oído, pocas balas

También quiero destacar el sonido, porque hace buena parte del laburo pesado.

Todos los personajes tienen voces y, en general, las interpretaciones funcionan muy bien con el tono exagerado que busca el juego. La música acompaña sin hacerse pesada y los efectos saben perfectamente cuándo ponerse ásperos y cuándo dejar que el silencio haga el trabajo.

Y los jump scares, por suerte, son pocos.

Pero están bien puestos.

Nada de puertas que explotan cada treinta segundos ni muñecos saltando delante de la cámara porque sí. El juego deja que la tensión venga principalmente del ambiente, de algún ruido fuera de campo o de esa sensación de que hay algo que no debería estar ahí.

Entonces, cuando finalmente mete el susto, agarra mejor.

Hay momentos donde escuchar algo detrás nuestro consigue bastante más que cualquier monstruo apareciendo de golpe delante de la pantalla.

Los subtítulos, eso sí, podrían estar un poquito mejor resueltos. Tienen un borde oscuro que ayuda bastante, pero en algunos fondos claros todavía pueden perder legibilidad.

Un detalle menor, aunque perfectamente mejorable.

Tres horas y a otra cosa

Hay algo que The Skin Stapler entiende y que más de un juego debería anotarse en un papelito: cuándo terminar.

Acá no tenemos árboles de habilidades, crafting metido con calzador, veinte coleccionables por habitación ni cuarenta horas de contenido porque alguien decidió que había que justificar el tamaño del número en la tienda.

Hay exploración, pequeños puzzles, conversaciones, investigación y distintas situaciones dependiendo del personaje que manejamos.

Nada mucho más complicado.

La estructura es bastante lineal, sí, pero justamente por eso la historia puede controlar su ritmo. Un capítulo termina, cambiamos de personaje, conocemos otro rincón de Carrion City y seguimos armando el rompecabezas.

Y cuando ya mostró prácticamente todas sus cartas, llegan los créditos.

Perfecto.

Porque veinte horas de semejante desfile de locos hubieran sido motivo suficiente para llamar a un abogado.

Ojo con el morfi

Una aclaración importante antes del cierre: esto no es horror simpático.

Hay gore pesado, mutilaciones, contenido sexual, imágenes perturbadoras y escenas de heridas autoinfligidas.

Aunque los gráficos sean pixelados, varias situaciones son bastante explícitas y desagradables.

Si la sangre, las mutilaciones o determinadas imágenes fuertes les resultan particularmente incómodas, ya saben: éste probablemente no sea su juego.

Avisados quedan.

 

Lo bueno

  • Historia que mantiene el interés hasta el final.
  • El cambio de personajes y perspectivas le da mucha variedad.
  • Los capítulos donde acompañamos a las víctimas durante sus trabajos les dan identidad propia.
  • Estética PSX muy bien aprovechada.
  • Carrion City tiene una personalidad mugrienta que le queda perfecta al tono.
  • Muy buen trabajo de voces y sonido.
  • Pocos jump scares, pero bien colocados.
  • Duración justa: termina antes de que la fórmula empiece a gastarse.

Lo malo

  • La exploración ofrece pocas recompensas o secretos
  • Su estructura es bastante lineal.
  • Algunos momentos de horror terminan provocando más risa que tensión.

Conclusión

¿Da miedo? Sí, aunque probablemente no por donde uno esperaría. The Skin Stapler no vive tratando de hacernos saltar de la silla: prefiere incomodarnos, ensuciarnos un poco la cabeza y meternos en una ciudad donde claramente nadie está del todo bien.

¿Es perfecto? Ni cerca. Podría aprovechar mucho más la exploración y hay momentos donde la comedia se termina comiendo al horror. Pero también les digo algo: tiene una personalidad clarísima y no pide permiso para mostrarla.

Y ahí vuelve a aparecer lo que decía al principio: si ustedes tienen debilidad por el slasher, el giallo, el exploitation y esa mugre de videoclub, con VHS gastados, alfombra vieja y estanterías llenas de horror, acá hay bastante para disfrutar.

Si buscan un survival horror complejo, con combate, administración de recursos y sistemas para estudiar durante horas, acá no es. Pero si tienen ganas de una aventura corta, sangrienta, desquiciada y con una historia que sabe mantenerlos enganchados hasta los créditos, denle una oportunidad.

Yo entré por el horror y terminé quedándome por la historia.

Nada mal para un juego cuyo villano engrapa piel humana a las paredes.

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Randomplayer

Sobreviviente de pueblos malditos, apocalipsis zombies y lugares que es mejor no explorar. Si hay niebla, radios con estática y una linterna que falla… probablemente ya estuve ahí.

8 respuestas

  1. Me identifiqué con el poli curtido por la rutina jajaj pero muy bueno este tipo de terror q además creo q trata de hacernos meter en el personaje

  2. Slater quemado por el laburo y el café de la comisaría, me representa más de lo que me gustaría admitir un lunes. Compro totalmente: dura lo justo, tiene gore clase B(siempre un buen plus para mi), me ahorra juntar 500 coleccionables al pedo y me hiciste escupir el mate con lo del cliente del videoclub. Se va directo a la lista para jugarlo de noche con auriculares. Gran review.

  3. Gracias por la excelente review y recomendación, que bueno que haya tanta atención al detalle, a la estética, la historia y sobre todo a los sonidos, algo que es tan importante para la inmersión y que bien utilizado puede hacer maravillas en un juego

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