Una ola de crímenes atroces ha sembrado el terror en Raccoon City. Familias enteras son atacadas por una banda de cerca de diez individuos, y los cuerpos son hallados con señales de haber sido devorados, sin que haya pistas sobre quién está detrás de las masacres.
Cuando los reportes se vuelven imposibles de ignorar, el equipo Bravo del escuadrón especial S.T.A.R.S. es enviado a investigar los bosques del noroeste, donde se cree que se ocultan los responsables. Y entonces, sin una sola llamada de auxilio, todo contacto se pierde. Nadie regresa.
El equipo Alpha despega en su búsqueda, internándose en la misma espesura que se tragó a sus compañeros. Pero lo único que hallan es el helicóptero del equipo Bravo, abandonado entre los árboles: ni un cuerpo, ni un sobreviviente… y casi todo el equipo todavía intacto, como si aquellos hombres se hubieran desvanecido en el aire.
Hasta que uno de ellos encuentra algo en la maleza: una mano cercenada, aferrada aún a un arma que perteneció a uno de sus compañeros. Y en ese instante, la noche cobra vida. De entre los árboles surgen las bestias: criaturas que alguna vez fueron perros, con la carne podrida y los ojos vacíos, que se abalanzan sin piedad. En segundos, uno de los suyos cae destrozado.
El helicóptero despega en medio del caos, abandonándolos a su suerte.
Sin refugio, sin salida, los sobrevivientes corren por la oscuridad hasta que una silueta se alza ante ellos: una mansión solitaria, olvidada por el mundo. No tienen otra opción. Cruzan el umbral… y las puertas se cierran a sus espaldas.
Lo que acecha entre esos muros no está vivo. Y no piensa dejarlos salir.